Opinión

¿Estamos ante el inicio de otra dictadura de Djokovic?

Djokovic declaraciones Open de Australia 2020 cuartos de final
Djokovice emocionado tras hablar de Kobe Bryant en el Open de Australia 2020 | Foto: @australianopen

Esa es la cuestión que uno podría plantearse tras presenciar el pletórico inicio de 2020 por parte del número uno del mundo, que ha ganado los 18 encuentros que ha disputado hasta ahora (21 victorias consecutivas si contamos el final de 2019), con la ATP Cup, el Open de Australia y Dubai ya bajo el brazo. Recuperamos sus otras épocas de mayor dominio, 2011 y 2015, y volvemos a plantear esta pregunta: ¿Lo repetirá de nuevo?

Chacal, kraken, el lobo serbio. Elijan ustedes el calificativo que mejor les parezca, pero lo cierto es que los números de Novak Djokovic en este inicio de 2020, simplemente, asustan. El número uno del mundo ha comenzado esta nueva temporada a un nivel estratosférico, con ya tres torneos en su haber ATP Cup, Open de Australia y Dubai) y habiendo resuelto a su favor los 18 compromisos que ha disputado en lo que va de año. Ante semejante barbaridad, una más por parte del serbio, es inevitable recordar los años 2011 y 2015. Estos años donde el de Belgrado ejerció una auténtica dictadura sobre sus oponentes. Parecía imposible volver a pensar en aquello, pero el nivel tan alto que está mostrando Djokovic en estos dos primeros meses del año, junto a sus constantes declaraciones en las que deja patente su ambición por seguir ganando, nos hacen plantearnos si podríamos volver a ver un 2020 como aquellos 2011 y 2015 donde el serbio trituraba a cuantos rivales se le ponían por delante.

2011: El despertar de la bestia

Antes de llegar a ese mágico año, Novak Djokovic ya había dejado muestras de su gran talento y consistencia. Ya tenía un Open de Australia y una Copa de Maestros en su haber, ambos títulos logrados en 2008. Esta temporada en la que finalizó como el tercer mejor jugador del mundo, muy cerca de Roger Federer pero todavía lejos de Rafa Nadal que, por aquel entonces, había relevado al suizo al frente del ránking ATP y comenzaba también a ejercer su propia tiranía en el circuito.

Pero los años 2009 y 2010 no fueron todo lo buenos que Djokovic hubiese querido. Siguió a la estela del español y del suizo, pero no terminaba de hacer eclosionar todo ese talento que tanto atesoraba en su raqueta. Fueron períodos duros para el serbio, tanto a nivel mental como físico, y con una serie de decisiones técnicas (entre ellas, la contratación de Todd Martin para alterar su servicio que supuso un fiasco total) que no hicieron sino perjudicar y/o estancar su proyección.

Pero todo cambió con el triunfo de Serbia en la Copa Davis del año 2010, una circunstancia que el bueno de Nole siempre ha definido como un punto de inflexión en su carrera. Y no le faltaba razón, porque lo que vino apenas unos meses después resultó ser el despertar de la bestia, un 2011 casi perfecto por parte del serbio, que sumó 10 títulos a su palmarés, entre ellos tres Grand Slams (Australia, Wimbledon y US Open), y los cinco primeros Masters 1000 del año (Indian Wells, Miami, Madrid, Roma y Canadá). Su récord fue de 70-6, un apabullante 92% de victorias.

Pero más allá de las estadísticas, que resultaron formidables, el mayor impacto de aquella temporada se reflejó dentro de la pista. Djokovic se convirtió en una auténtica pesadilla para todos sus rivales, especialmente para Nadal, al que doblegó en las seis finales en las que se vieron las caras aquel año, dos de ellas en tierra (Madrid y Roma). El serbio logró anular al manacorí, cuya derecha cruzada liftada no le hacía nada de año. La sensación que dejó Djokovic en aquel 2011 es que era casi imposible ganarle un punto. Cubría pista mejor que nadie y ofensivamente, hacía lo que quería con su revés.

Cierto es, también, que ese año no terminó de la mejor manera para el serbio, que pagó el desgaste acumulado con una grave lesión en el hombro que le hizo retirarse llorando de las semifinales de la Copa Davis frente a Argentina. Sus últimos torneos (Basilea, París-Bercy y el Masters) los disputó mermado y, por consiguiente, no pudo ser 100% competitivo.

Novak Djokovic tras ganar el Open de Australia 2011 | Foto: zimbio.com
2015: Menos espectacular, pero más efectivo

Tras un trienio 2012-2014 en el que el Big3 se repartió la hegemonía del tenis mundial, junto a la inclusión de Andy Murray, Stan Wawrinka y Marin Cilic en cuanto a títulos de Grand Slam se refiere, 2015 nos trajo otra temporada para el recuerdo de Novak Djokovic. Sin ser el mismo jugador que cuatro años atrás, pero no por ello menos demoledor. Es más, sus estadísticas superaron a las de 2011. Once títulos, otra vez los tres grandes menos Roland Garros, seis Masters 1000 (récord hasta ahora en una misma temporada) y su cuarta Copa de Maestros consecutiva. Todo ello resumido en un descomunal 82-6 en victorias/derrotas.

Como decimos, no era el mismo Djokovic de 2011. Menos espectacular en pista, pero mucho más efectivo y calculador. Su servicio adquirió una importancia preponderante, algo que sigue manteniendo hoy en día, y gracias a su evidente superioridad, el serbio podía elegir los partidos en los que había que dar el 100% y otros en los que “sólo” le bastaba con el 70 u 80%. Quizá el único lunar de aquella espectacular temporada resultó ser su derrota en la final de Roland Garros frente a Wawrinka. En cuartos de final había dejado fuera a Nadal, siendo la primera vez que lograba derrotarlo en la arcilla parisina. Pero ese día Wawrinka fue superior, bastante incluso, en la parte final del encuentro, y Djokovic no logró derribar la muralla de Roland Garros.

Novak Djokovic con el trofeo de campeón del US Open 2015 | Foto: zimbio.com

Lo terminaría logrando un año después, en junio de 2016, y ese fue precisamente el verdadero motivo de su caída a partir de ese momento. Lo había ganado todo, había llegado a un nivel tan alto (récord de puntos ATP incluido) que se había quedado completamente vacío. Le costó volver a la élite pero ahí también dejó muestras de su perpetua ambición. Una ambición que ya mostró cuando siendo solamente un niño afirmó que su principal objetivo era llegar a ser el mejor del mundo. O recientemente, con declaraciones recogidas por el diario Marca en las que sostiene otro de sus objetivos, terminar invicto esta misma temporada. Por este tipo de cosas, muchos lo catalogan de soberbio o prepotente pero, en mi humilde opinión, Novak Djokovic es un hombre de palabra. Por eso, el mundo del tenis haría bien en tomarse muy en serio este inicio de 2020. ¿Será capaz el Djoker de repetirlo? Sólo el tiempo lo dirá.

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