Efemérides

Final Roland Garros 1985: Martina Navratilova – Chris Evert

Tenistas con más semifinales WTA Grand Slam
Martina Navratilova y Chris Evert se saludan tras la final de Roland Garros 1985 | Foto: artphotolimited.com

La final de Roland Garros de 1985 entre Martina Navratilova y Chris Evert es hasta el momento el mejor encuentro de la historia del tenis femenino. La estadounidense se impuso en un partido memorable tras dos horas y cuarenta minutos con un marcador de 6-3, 6-7 (7), 7-5 ante un público atónito.

La gran cita femenina de Roland Garros en 1985 esperaba un partido entre trepidante entre las dos dominadores del circuito. La gran favorita era Martina Navratilova que con 28 años estaba al mando del ranking femenino y además llevaba dos años sin perder frente a la rival de la gran final. Al otro lado, Evert ya en la treintena que se presentaba como la gran dominadora de Roland Garros en los últimos años. Además la americana venía de superar a Gabriela Sabatini en las semifinales con un gran tenis. La final del año anterior tuvo a las mismas protagonistas con un claro triunfo de Martina (6-3, 6-1). La nacida en Praga además estaba en la final de dobles femeninos y mixtos.

Ambas se habían enfrentado ya por aquel entonces hasta en 64 ocasiones haciendo de su rivalidad una de las más conocidas a nivel mundial. El cara a cara estaba igualado aunque favorecía a Martina con 33 victorias y 31 derrotas. También era la 13º vez que se veían las caras en una final de Grand Slam. El viento estaba presente y la batalla comenzó con la checa al resto. Evert golpeó primero en el marcador con un parcial de 3-0 a su favor, pero Martina rápidamente recuperó la distancia y puso la igualada en el marcador. Chris Evert sacó todo su arsenal moviendo de lado a lado a Navratilova que veía como a pesar de la lucha en la pista su rival se hacía con el primer set 6-3.

El público empezaba a pensar que estaba viviendo una final que podía pasar a la historia. El rumbo del partido no cambió y Evert seguía dominando el encuentro hasta tener una ventaja de 4-2. La estadounidense estaba a dos juegos de convertirse en campeona, pero entonces llegó la rebelión de Martina. La checa cambió su estrategia, empezó a ser más ofensiva y en la red se volvió invulnerable. Tres juegos seguidos le ponían con 5-4 momento en el que tenía la primera bola de set, pero Evert salvó la situación. Chris se reencontró y de repente estaba 6-5 y servicio para ser la nueva campeona de Roland Garros. Los nervios atenazaron a la americana que no pudo certificar el triunfo. La tensión se palpaba en el tie break pero Martina se llevó la muerte súbita para forzar el set definitivo.

Muchos pensaban que el partido ya estaba acabado por el factor psicológico de Evert tras el golpe duro que había recibido. La de Florida dominaba 3-1 el partido y tuvo oportunidades de ampliar el marcador pero Navratilova consiguió volver a empatar a 3 juegos. Chris de nuevo, tras ganar dos juegos consecutivos estaba en la misma situación que en el set anterior 5-3 y servicio para ser campeona. Martina demostró que era la número uno del mundo y rompió a Evert para certificar la rotura ganando su servicio en blanco.

Un final de ensueño

La que estaba ahora en su mejor momento era Navratilova que disponía de 0-40 para conseguir otro break, después de ganar 12 puntos seguidos. Todo volvió a cambiar con Evert salvando la situación y poniendo el 6-5 a su favor después de estar al borde del abismo. Después de una larga batalla de 2 horas y 40 minutos Evert tenía pelota de partido. Un punto vibrante con una subida a la red de Navaratilova, que veía con sus propios ojos como Evert llegaba a una bola para conectar un passing que le convertían en la nueva campeona de Roland Garros.

Tras el final del partido quedó una imagen que es recordada aún, el abrazo entre ambas emocionadas antes de saludar al árbitro. Las dos reconocieron que a pesar de haber jugado hasta en 80 ocasiones, este fue su mejor partido. Es más, por la calidad, las alternativa y la épica batalla que vivió la Philipp Chatrier es recordado como el mejor partido de la historia del tenis femenino.

 

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