Curiosidades WTA

Hablemos de tenis, mujeres e igualdad



Historia mujeres tenis femenino
Althea Gibson hizo historia en Wimbledon 1957 al ganar el título | Foto: wtatennis.com

El tenis es uno de los deportes en los que más equiparados está el circuito masculino y femenino, sobre todo si lo comparamos con otros deportes; como en todos los ámbitos de la sociedad, todavía queda camino por recorrer para alcanzar la equiparación real, la plena igualdad. En este artículo, hablamos de eso: de tenis, de mujeres que hicieron historia en él y de igualdad.

Algunas de las pioneras desde los inicios hasta hoy

La inglesa Charlotte Cooper ha pasado a la historia por ser la primera mujer tenista campeona olímpica. En 1900 pudo participar en los Juegos Olímpicos de París, los primeros en los que se admitió la participación femenina y se alzó con el título tras ganar en la final a la francesa Hélène Prévost por 6-1, 7-5. No obstante, su primer torneo individual lo ganó en Wimbledon en 1895. El torneo más antiguo del mundo pero que celebró su primera edición femenina en 1884, siete años después de su inicio.

Así, la primera mujer en ganar el prestigioso torneo inglés fue Maud Watson. Fue la mejor de 19 jugadoras venciendo en la final a su hermana Lillian Watson por 6–8 6–3 y 6–3. El Open de Australia no contó con ellas hasta la edición de 1922, 17 años después de su inauguración.

La primera ganadora negra

Otra mujer que pasaría a la historia en Wimbledon fue Althea Gibson, la primera tenista negra en ganar un partido en el torneo inglés en 1951. Gibson no lo tuvo fácil, hasta que se levantó el veto, los negros tenían prohibido jugar el torneo. Vamos, tuvo que luchar contra una doble discriminación: la de ser mujer y negra. Luego en 1957 pasaría de nuevo a la historia, se hizo con el título.

En el ámbito nacional, Lilí Álvarez fue la pionera del deporte femenino español, practicó una gran variedad de deportes. En tenis, entre 1926 y 1928 fue finalista de Wimbledon. Torneo que muchos años después, en 1994, conquistaría Conchita Martínez, primera española (tanto hombre como mujer) en hacerlo. Y es que tanto la aragonesa como Arantxa Sánchez Vicario, probablemente sin ser conscientes de ello, contribuyeron a que la población española, y sobre todo las niñas de las generaciones de los 80 y 90, se dieran cuenta que el deporte no es solo cosa de hombres. Que las mujeres también pueden ganar dinero haciendo deporte, es decir, practicarlo como profesión.

Profesionalización que en el caso de las mujeres comenzó en 1970 cuando nueve mujeres dieron inicio al circuito WTA con un simbólico contrato de un dólar con el que buscaban mejores premios y la posibilidad de dedicarse con dignidad a su deporte.

Estos son solo algunos de los hitos que han conseguido las mujeres desde los inicios del tenis. Sin embargo, a día de hoy siguen dando pasos hacia su equiparación con el circuito ATP. A veces pequeñitos, pero siempre visibilizando a todas las mujeres, como es el caso Sada Nahimana que con tan solo 17 años se ha convertido en la primera mujer de Burundi, sí de Burundi, en conseguir puntos WTA.

La brecha salarial en el circuito femenino

En 1973, el US Open, como muestra de apoyo a la naciente WTA, fue el primer torneo grande en entregar premios igualitarios para hombres y mujeres. Sin embargo, a día de hoy, aunque no es el caso de los cuatro Grand Slam en donde hay equiparación salarial (Wimbledon fue el último en unirse), sigue existiendo diferencias en la cuantía de los premios entre los torneos de un circuito y del otro.

La tenista francesa Caroline García lo definía así: “En los Grand Slam hay igualdad de premios pero existen muchos torneos internacionales donde la diferencia entre lo que ganan hombres y mujeres es grande. Jugamos tantos partidos o más que ellos pero ganamos menos, no tiene sentido. En el tenis estamos cambiando las cosas y es un privilegio ser pionero pero hemos de ser conscientes de que queda un largo camino por recorrer”. Rafael Nadal recientemente apoyo las palabras de García, asegurando que el tenis femenino tiene un nivel muy alto y que no le importaría que ganaran más que “nosotros”.

Un debate que sigue

El debate sigue en el aire, ya que son muchos los que justifican esta brecha argumentando que las chicas juegan menos sets y atraen menos público. Sin tener en consideración las diferencias físicas (que no dependen del entrenamiento si no de la naturaleza humana) y la lógica de la pescadilla que se muerde la cola que dice que en una sociedad machista como la que habitamos, en la que se da mucha más cabida en los medios al deporte masculino que al femenino, tiene como consecuencia que el público no sepa (al menos no en el mismo grado) de la existencia de las competiciones femeninas ni conozca a referentes femeninos a los que idolatrar; y por tanto sus competiciones y sus deportistas tengan menos seguimiento que las masculinas.

¿No sería más interesante para los y las aficionadas que los chicos también jugaran partidos a tres sets y no esas maratones de cinco horas que un seguidor/a con una vida laboral y social normal es imposible que vea de principio a fin?

Mi entrenadora es mujer, ¿y?

Otra de las polémicas más recientes relacionadas con la igualdad en el tenis es el de las entrenadoras mujeres. En España esta cuestión la vivimos hace unos años cuando Gala León fue elegida capitana de Copa Davis y algunos aficionados y jugadores se echaron las manos a la cabeza. Entre otros, Rafael Nadal afirmaba en plena polémica (marzo de 2015) para EFE: “en el deporte tiene que estar gente que sabe de deporte, que entienda. Es como si me pones a mí de director de un hospital. No sé de Medicina, no sé cómo funcionan las cosas”.

Toni Nadal, tío y entrenador del balear, también hizo unas declaraciones  sobre el asunto meses antes cuando dijo que la elección de Gala León era algo “extraño”, una cuestión “digamos de logística”, argumentando “que en el vestuario de la Copa Davis se suele ir con muy poca ropa y es una situación un poco incómoda”.

Recordemos que Gala León fue tenista profesional durante 14 años, llegando a alcanzar el puesto 27 del mundo en el año 2000. Asimismo, tiene formación como entrenadora de alta competición y ejerce de ello, etc. La polémica se zanjó con la elección de Conchita Martínez, que ya ejercía como tal en Copa Federación. Quizá fue la solución menos mala, o la manera de justificar que sus quejas no eran por que Gala León fuera mujer, sino no lo suficientemente conocida (volvemos a la lógica antes mencionada), como también se insinuó durante esos meses.

Mauremo y Murray

En el último Open de Australia volvimos a vivir algo parecido. Sin embargo, en esta ocasión el zasca feminista de Lucas Pouille a McEnroe zanjó la cuestión de manera impecable. McEnroe le preguntó por qué tenía una entrenadora. Y éste fue claro y conciso: “No se trata de ser hombre o mujer. Se trata de saber lo que haces, y ella (Amelie Mauresmo) de tenis sabe todo“.  El momento se hizo viral.

El francés, uno de los pocos con entrenadora mujer, no ha sido el único que ha tenido que justificar la elección de una mujer como entrenadora. Andy Murray confió en la francesa Mauresmo antes que él, y su madre Judy Murray, fue una de las pioneras como entrenadora.

Ellas, aunque también siguen siendo muy pocas en el circuito femenino, entrenan sobre todo a mujeres. Es el caso de las españolas Conchita Martínez o Anabel Medina; o de Davenport, Stone o Navratilova. Así, como en otras profesiones, en la del entrenamiento de tenis, hay una gran brecha de género.

¿Qué más da lo que lleve puesto si a lo que me dedico es a jugar a tenis?

Otro de los asuntos machistas que rondan al tenis (y a otros muchos deportes y profesiones en general) es la indumentaria. ¿Por qué muchas veces los medios hablan más de lo que llevan puesto las tenistas que de sus resultados? ¿Por qué muchas veces se habla más de su belleza que de su tenis? ¿Y por qué se castiga a una tenista mujer por cambiarse la camiseta en pista y a un hombre no?

Los casos de Cornet y Serena

Esto último le pasó a la francesa Alizé Cornet en el Us Open, cuando se cambió la camiseta al darse cuenta que la llevaba del revés. Fue sancionada, algo que no ocurre cuando los hombres enseñan su torso para cambiarse de camiseta. Después de las críticas, el US Open eliminó la norma de exhibicionismo de su código de conducta: “los hombres podrán cambiarse la camiseta en la silla, sin que ello se considere una violación del reglamento. Las mujeres también tendrán derecho a hacerlo”.

Otro ejemplo fue en el pasado Roland Garros cuando el presidente de la Federación Francesa de Tenis, Bernard Giudicelli, afirmó en la revista “Tennis Magazine” que ya no permitirían el atuendo de Serena Williams en las próximas ediciones. “Creo que a veces hemos llegado muy lejos. El conjunto de Serena de este año, por ejemplo, no será aceptado más. Hace falta respetar el juego y el lugar“, afirmó. Serena jugó con un mono negro para mitigar los problemas de circulación en la sangre que se potenciaron después de su embarazo y el nacimiento de su hija.

Nike, marca de la estadounidense, se posicionó a favor de Serena con un mensaje irónico y a la vez feminista: “A un superhéroe le podrás sacar su disfraz, pero nunca podrás quitarle sus superpoderes“. Y de superheroínas está lleno el mundo y el tenis. De mujeres que seguirán reivindicando y visibilizando (conscientes o no) que todos/as somos iguales. De mujeres que, golpe a golpe, seguirán rompiendo barreras.

 

Sobre el autor

Iván Villanueva

Periodista, publicista y feminista. Apasionado del tenis femenino desde que de pequeño me topé en televisión a una tal Conchita Martínez jugando a algo que se llamaba tenis.

Facebook

Translate