Opinión

El tenis británico se desangra sin Murray

Andy Murray desolado durante un partido | Foto: atptour.com

Es una realidad. Sin el escocés, los resultados del tenis británico en los grandes torneos del circuito, especialmente en el masculino, no paran de caer en picado. Solamente Kyle Edmund, en 2018, ha sido capaz de ganar un título ATP (Amberes) y llegar a una segunda semana de Grand Slam (Australia) desde que Murray comenzara su calvario de lesiones. Del resto de jugadores, ninguna noticia y de jóvenes talentos, menos todavía. Analizamos el por qué.

¿Lo oyen? Es un silencio sepulcral. La nada más absoluta. En eso lleva sumido el tenis británico masculino desde que su gran y único referente en los últimos 15 años, el escocés Andy Murray, comenzara su calvario de lesiones en la cadera, un calvario que, a día de hoy, todavía le persigue y que le ha obligado a ausentarse del circuito casi en su totalidad desde julio de 2017.

Desde su eclosión en el circuito ATP, allá por 2005, el que es uno de los mejores tenistas que han tenido las Islas en toda su historia, o probablemente el mejor, ha estado sosteniendo él solito a una de las mayores potencias del mundo en uno de los deportes más seguidos en todo el mundo. Un deporte, el tenis, que también inventaron los ingleses, tal como hicieron con el rugby o el fútbol. Los inventores de todo, pero que llevan muchos años también perdiendo en todo.

La Davis y la ATP Cup disfrazan la realidad

Sí, en las dos últimas competiciones por equipos, la Davis y la ATP Cup, Gran Bretaña realizó sendas actuaciones destacadas, cayendo en semifinales en la primera (ante la posterior campeona, España) y en cuartos en la segunda (ante la anfitriona Australia). Pero también hay que decir que en estos dos torneos no sólo el aspecto individual cuenta, también lo hace el dobles, donde, en este caso, Gran Bretaña sí que cuenta con un gran ramillete de jugadores, entre ellos el hermano mayor de Andy, Jamie Murray. Pero incluso esto, su buen rendimiento en dobles, también ha sido objeto de polémica, algo que también analizaremos más adelante.

Quitando las competiciones por equipos y centrándonos única y exclusivamente en el circuito individual ATP, los números no mienten. El panorama es absolutamente desolador. Desde aquel fatídico torneo de Wimbledon en 2017, donde Murray jugó su último torneo como número uno del mundo y a partir del cual inició el primero de los muchos períodos largos de inactividad que ha experimentado en los últimos tres años, solamente Kyle Edmund ha sido capaz de inscribir su nombre en el palmarés de un torneo ATP. Fue en Amberes, de categoría 250, en octubre de 2018, el mismo año en el que logró su, hasta ahora, mejor resultado en un Grand Slam, las semifinales en el Open de Australia.

Hace dos temporadas, Edmund acabó en el puesto número 14 del mundo, huelga decir que como el número uno de su país. Pero la presión de ocupar el puesto de Murray como primera raqueta británica le pasó claramente factura y a día de hoy, su rendimiento dista mucho del que alcanzó por aquel entonces, siendo actualmente el número 65 del mundo.

Junto a Edmund, sólo otros dos jugadores más, Daniel Evans y Cameron Norrie, figuran entre los 100 mejores del ránking ATP. Ambos, a diferencia de Edmund, se encuentran en el grupo de tenistas tácticos, voluntariosos, pero sin un gran potencial que les permita llegar a aspirar a cotas más altas. Actualmente, es Evans el número uno británico, ocupando el puesto número 32 en las listas, el mejor ránking de su carrera. Bastante bien lo está haciendo el de Birmingham.

Dadas sus condiciones físicas (mide 1.75 metros), es difícil que pueda mejorar más su nivel de lo que lo ha hecho hasta ahora. En cuanto a Cameron Norrie, prácticamente la misma historia. Pese a contar con una altura considerable (1,88 metros), el tenista de origen sudafricano no destaca por su gran servicio, ni mucho menos. Su efecto de zurdo le ayuda puntualmente, pero tampoco dispone de un gran juego ofensivo con el que acortar los puntos y lograr golpes ganadores con facilidad.

Murray Salisbury Gran Bretaña ATP Cup
Murray y Salisbury celebran un punto con Gran Bretaña en la ATP Cup | Foto: @atpcup
Invertir mucho en dobles, ¿un error?

Otro aspecto en el que los británicos parecen ir con el pie cambiado con respecto a otros países es en la generación de nuevas promesas. Jay Clarke, de 21 años y número 155 del mundo, aparece como el mejor colocado de entre los tenistas ‘Next Gen’. Dos jugadores que han tenido actuaciones destacadas en Grand Slams júnior, como Jack Draper (finalista en Wimbledon 2018) o Aidan Mchugh (semifinalista en Australia 2018) parecen postularse como las dos únicas opciones de cara a un futuro a largo plazo.

Este decaimiento progresivo en individuales contrasta con la solvencia que muestran los británicos en el apartado de dobles, con hasta ocho jugadores dentro del top-100. Jamie Murray, su gran abanderado, reivindicó hace justo año el éxito alcanzado por el tenis británico por dicha modalidad y reclamando más protagonismo para el dobles. Pero, a la vez, surgió la polémica. Dan Evans no se mordió la lengua, indicando que lo que quieren la gran mayoría de jóvenes que se inician en el tenis es destacar en singles. En palabras del propio Evans, Gran Bretaña es el único país cuya Federación de Tenis (LTA) tiene en nómina a un entrenador específico de dobles, Louis Cayer, durante todos los Grand Slams.

¿Es este el verdadero problema del tenis británico? Probablemente sea uno de ellos, pero desde luego no es el único. Durante la mayor parte de su carrera, Andy Murray ha sufrido el menosprecio de muchos aficionados y prensa inglesa, muchos de los cuales sólo lo consideraban británico cuando ganaba partidos. Si los perdía, para ellos seguía siendo un pobre escocés, al igual que su hermano, por cierto. A lo mejor el problema reside en que nunca han valorado en justa medida lo que tenían y ahora, están sufriendo las consecuencias.

Tras 80 años de sinsabores, tuvo que venir un joven escocés para sacar al tenis británico del pozo en el que se encontraba sumido. Junto a su hermano, los dos han sido los auténticos responsables de su resurgimiento en la última década, rompiendo la historia con históricos triunfos como el de Wimbledon, las dos medallas de oro olímpicas, la Copa Davis y el haber llegado a lo más alto de sus respectivos ránkings. Ya conocen el dicho. No se valora realmente una cosa hasta que se pierde. Ingleses, aplíquense el cuento.

 

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