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Diez años del Isner-Mahut: Todos los secretos del partido más largo de la historia del tenis



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Isner y Mahut posan con el célebre resultado del partido | Foto: zimbio.com

A través de testimonios de personajes muy cercanos a ambos jugadores, la página web de la ATP rememora lo que ocurrió aquel 23 de junio de 2010. Lo que parecía un partido cualquiera de primera ronda de Wimbledon pero que acabó formando parte de la historia del tenis.

El pasado miércoles 24 de junio se cumplieron diez años de uno de los momentos más importantes de la historia del tenis. Lo que comenzó siendo un partido más de primera ronda de Wimbledon terminó, dos días más tarde, como el partido más largo que se ha presenciado nunca en una pista de tenis. Tras once horas, seis minutos, 23 segundos y 183 juegos disputados, John Isner se desplomaba en el suelo tras vencer al francés Nicolas Mahut por 70-68 en el quinto set.

Para rememorar aquel histórico día, la ATP publicó un interesante reportaje con declaraciones de personajes que forman o han formado parte del mundo del tenis, como Craig Boynton, el entrenador de Isner en aquel momento, Rodney Marshall, uno de sus preparadores físicos, y los ex tenistas Andy Roddick y Michael Russell, entre otros.

Una lucha sin cuartel entre ambos

Por un breve período de tiempo, alrededor de un minuto o dos, me lo encontré hablando cosas sin sentido. Estaba farfullando y muy agotado. Ahí me di cuenta de todo lo que John (Isner) había trabajado, de cuánto dolor había tenido que soportar y lo lejos que había sido capaz de llegar, superando todos los límites posibles”. Así se expresaba Craig Boynton, por entonces entrenador del americano, tras la segunda suspensión del encuentro el día 23 por la noche.

El encuentro, por lo tanto, todavía no había finalizado. Ambos jugadores llevaban ya un total de diez horas en pista en dos días diferentes. Ni qué decir tiene que ya habían sobrepasado, y por mucho, el récord hasta ese momento vigente del partido más largo de la historia. Pero sabían que todavía les quedaba lo peor: volver al día siguiente para tratar de finalizar el choque de una vez por todas.

En esas, Andy Roddick, que había ganado ya su partido de segunda ronda ese mismo miércoles, se topó con Boynton en los vestuarios, ofreciéndole cualquier ayuda que necesitara y, sobre todo, comida para su jugador. A Roddick esta situación le sonaba un poco. El año anterior había sucumbido en la final ante Federer por 16-14 en el quinto set. En ese momento, Roddick se encontraba muy preocupado por el desgaste físico de Isner y le envió varias bolsas llenas de pollo, pizza, pasta y muchas cosas más procedentes de San Lorenzo, un restaurante italiano situado a una milla de Wimbledon.

Isner necesitaba toda la energía posible. Pero, pese a los tres días seguidos que iban a estar batallando él y Mahut, ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder terreno. “Es como cuando un objeto inamovible se encuentra con una fuerza imparable. Es uno de esos partidos locos en los que ambos se encuentran encerrados, pero implacables y decididos a seguir luchando”, agregó Boynton.

El entrenador del de Greensboro ya sabía del potencial de Mahut. No en vano, el francés ya había doblegado a su pupilo en el torneo de Queen’s 2008. “Sabía que Nico (Mahut) era muy peligroso. En mi opinión, no parecía que viniese de la previa. Era uno de los pocos tenistas especialistas de verdad sobre hierba”, siguió explicando Boynton, al que Roddick ofreció consejo sobre cómo encontrar algún punto débil en el juego del francés. Roddick venció a Mahut en la final de Queen’s en el 2007.

Pese a que Isner disponía de su poderoso servicio y su potente derecha, una ayuda extra nunca venía mal. Según Roddick, donde más podía dudar Mahut era con su volea de derecha. El plan era insistir por ese lado pero al final casi se arrepienten de esa acción.

Un partido cualquiera

El encuentro comenzó de forma normal, como uno más de los 64 de primera ronda de aquel Wimbledon 2010. Un break le sirvió a Isner para llevarse el primer set, mientras que otro para Mahut decidió el segundo. Ya no habría más breaks en el resto del partido. El tercero y el cuarto se fueron al tiebreak y fue ahí, con empate a dos sets, cuando se suspendió por primera vez por falta de luz tras casi tres horas de juego. Cuando ambos jugadores se retiraron a los vestuarios, la situación todavía era como de un partido cualquiera.

Y aquí entra el testimonio de otro compatriota de Isner, Michael Russell, que competía por cuarta vez en Wimbledon. Russell, que había ganado su encuentro de primera ronda, también se encontró con Isner mientras se dirigía a darse un baño de hielo tras su partido. “Pensaba que ya habría finalizado el partido, así que, le pregunté que cómo había quedado. Él me contestó: ‘No hemos terminado’. Estuvimos charlando un poco y al final me despedí de él deseándole buena suerte para el día siguiente, donde seguramente lo vería. Y tanto que sí, ya que tres días después continuaría jugando el partido más largo de la historia del tenis”, declaró.

Boynton tenía claro que las opciones de su pupilo pasaban por mantener su servicio, confiando en que, tarde o temprano, llegaría la oportunidad. El segundo día duró más que cualquier otro partido en toda la historia. Mahut servía cada vez para mantenerse en el partido. La presión estaba de su lado, si cedía su servicio, todo acabaría. “Cada vez sacaba para mantenerme en el partido. Simplemente trataba de ganar el saque, de ir punto a punto. Eso era todo, cada vez era lo mismo”, explicó el francés, que salvó varios puntos de partido, uno con un ace en 9-10 y otros dos con 32-33, una volea de derecha y otro gran servicio.

Mientras el duelo continuaba, Russell retornó a las pistas para entrenar un poco. Cuando vio el orden de juego en la pantalla, era como una especia de bingo. Todos los partidos no paraban de moverse a causa de la demora del Isner-Mahut. Estaba claro que ya no era un partido cualquiera.

La segunda suspensión

Rodney Marshall, un reputado preparador físico miembro de la USTA y acompañante de Isner en esa edición de Wimbledon, nunca olvidará aquel día. “Cuando comenzó el encuentro no había más que unas pocas personas pero con el paso del tiempo, la gente no paró de entrar. Tenía a amigos del instituto mandándome mensajes durante el partido. El mundo entero estaba pendiente de ese partido”, agregó.

Con el paso del tiempo, Boynton parecía perder la fe en que pudiera haber algún break. Su jugador se encontraba muy cansado. “Me sentía muy preocupado por la madre de John. Ella podía ver lo agotado que se encontraba, no tenía casi fuerzas pero ahí seguía, intentándolo todo. Eso es un amor de madre. Lo sentí realmente por ella, de principio a fin”, aclaró.

Justo antes de apagarse los últimos rayos de sol, Isner dispuso de un último punto de partido con 59-58. La respuesta de Mahut: otro saque directo. Con empate a 59, el juego volvió a suspenderse tras siete horas y seis minutos de quinto set. “Simplemente, estamos luchando como nunca lo hemos hecho antes. Alguno tiene que ganar”, declaró el francés justo antes de dejar la pista.

Todo el mundo del tenis se encontraba pendiente del resultado final del encuentro. Muchos de los jugadores presentes en el cuadro, incluido Federer, se juntaban en frente del televisor para verlo. También Roddick se encontraba entre ellos. El americano volvió a mostrar su lado más altruista asegurándose de que a Isner no le faltara comida para estar preparado para el día siguiente. De acuerdo con Marshall, Isner no necesitaba líquidos, sino comida.

Lo peor para el americano era el estado de sus pies. “Sus dedos de los pies tenían mal aspecto. Intentamos taparlos y hacer lo máximo posible, pero aun así, necesitó varios pares de zapatos. Estaba sangrando, tenía muchas ampollas, sostuvo Marshall. “Sus dedos parecían quemados, eran como fiambre. Era asqueroso”, reconoció Roddick.

Nos pusimos con nuestros ordenadores, ver qué podíamos hacer, comprobar algunas cosas y tratar de relajarnos después de esta locura de día. El problema era que estos dos tipos estaban en las noticias de todas las webs de deportes, ahora eran como estrellas de rock, estaban en boca de todos”, reconoció Boynton.

El final

Russell jugaba su partido de segunda ronda, otro encuentro a cinco sets frente a Fabio Fognini, en la pista 17. Aunque estaba concentrado en su partido, era inevitable no pensar en Isner y Mahut batallando por tercer día consecutivo en la pista 18. “Sabíamos que este partido iba a ser especial. Oía una voz dentro de mi cabeza preguntándome si Isner había logrado algún break, o si Mahut lo había también. Este partido ya había hecho historia. Era una locura”, declaró.

Finalmente, tras un récord de once horas y seis minutos, el encuentro finalizó. En su quinto punto de partido, Isner logró restar el primer saque de Mahut. Este voleó, pero no de manera perfecta, dejando un resquicio a su rival para pasarle con el revés paraleo y tirarse en el suelo justo antes de abrazar a Mahut en la red.

Isner cerró el encuentro (6-4 3-6 6-7(7) 7-6(3) y 70-68) a las 16:47 hora local, 67 minutos después de haber salido a pista aquel jueves. “Me encuentro un poco cansado, pero cuando sales a jugar un partido como este, no sientes ese cansancio”, declaró Isner que se encontró con su mentor en los vestuarios. “Siempre hemos tenido una gran relación, así que le di una palmada en el hombro y le dije: ‘John, gran trabajo, pero tenemos que trabajar en la celebración’. Tras aquello, se puso a hablar con unos amigos acerca de una especie de draft que tenían planeado hacer. Es increíble, acababa de ganar el partido más largo de la historia pero sólo pensaba en a quién iba a escoger en ese draft”, expresó Boynton.

Por increíble que pueda parecer, aquel día todavía no había terminado para Mahut, al que le faltaba disputar un encuentro de dobles junto a su compatriota Arnaud Clement ante los británicos Colin Fleming y Ken Skupski. Este último recordó ver una especie de destello brillante por encima de la pista. Isner estaba dando una entrevista y se le oía perfectamente. Sólo pudieron disputar un set de aquel partido, así que, Mahut tuvo que volver a la pista 18 por cuarto día consecutivo para finalizar aquel duelo de dobles, el cual cedió en cuatro mangas.

Considerando le estresante de la situación, su capacidad para volver a jugar fue realmente impresionante. Una vez que todo esto pasa, normalmente no quieres volver a jugar al día siguiente, y menos tras una derrota tan dura”, comentó Skupski.

Al día siguiente, Isner se despertó hecho polvo. Lo peor era unas molestias en el cuello que le impedían levantar la cabeza a la hora de servir. Su calentamiento previo al partido de segunda ronda frente al holandés Thiemo de Bakker consistió simplemente en quedarse tumbado en la mesilla de tratamientos. De Bakker despachó a Isner en 74 minutos concediendo sólo un juego.

No hubo ningún trofeo esperándolos. La realidad es que Isner y Mahut pelearon simplemente por un billete hacia la segunda ronda. Pero lo que realmente importó no fueron los 216 saques directos que lograron entre ambos ni los 168 juegos al servicio que disputaron, sino la prueba de que habíamos presenciado algo que no había pasado nunca ni volverá a pasar en el futuro.

A la gente que presenció aquella hazaña no le importaba quién ganara o perdiera, sino hasta dónde serían capaces de explorar sus límites ambos jugadores. “No alentabas a nadie a perder, sino presenciando algo increíble en la historia de este deporte. Eso hizo que mucha gente se interesara por el tenis, fue un gran paso para nuestro deporte”, reconoció Russell.

Tanto Isner como Mahut serán recordados de por vida por estos tres inolvidables días en la pista 18 del All England Club. Sin embargo, ambos fueron capaces de pasar página y labrarse dos grandes carreras en el tenis. Hasta la fecha, Isner ostenta 15 títulos ATP y ha finalizado dentro del top20 del ranking de forma consecutiva desde aquel 2010. Mahut, por su parte, encontró la gloria en dobles llegando a ser el número uno del mundo y conquistando los cuatro títulos de Grand Slam. Antes de aquel partido, Isner reconocía que la relación entre ambos se limitaba a un movimiento de cabeza cuando se encontraban en los pasillos. Ahora, son amigos íntimos.

Obviamente y tras todo lo que sucedió aquel día, mantenemos un gran respeto entre ambos. Estoy seguro de que algún día nos sentaremos y nos reiremos de todo esto”, finalizó Isner.

 

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