Crónicas

Un día por el Mutua Madrid Open



Mi pasión por este deporte surgió desde que era pequeño, en el momento que mi madre decidió apuntarme a clases con mi mejor amigo. El tenis desde entonces se ha convertido en un fiel aliado, que me sigue emocionando con sus puntos, sin importar el torneo o los jugadores que estén en la pista, porque este deporte tiene magia. Por suerte he podido vivir por quinto año consecutivo una jornada en las instalaciones de la Caja Mágica viendo en directo a las mejores raquetas del circuito. Observar como luchan en la pista es un privilegio. El aroma que se respira desde la llegada es especial, la gente sonríe, aplaude y valora lo que hacen los tenistas sobre la arcilla madrileña.

El primer debate comienza desde que superas el cartel de la entrada. De repente abres el orden de juego y hay que decidir qué partido quieres ver. Estas cosas pasan en un torneo de la magnitud del torneo de Madrid, que pueden estar jugando partidos del mejor nivel en pistas simultáneas en el mismo momento y por tristeza tu cuerpo no puede duplicarse. Al final acabas entrando a una pista para dejarte maravillar por dos gladiadores, que pasan la bola una y otra vez para intentar avanzar a la siguiente ronda. Cada punto, la afición aplaude al unísono para agradecer a los dos guerreros un espectáculo con el que deleitan a los amantes de este deporte.

Mientras disfrutas con uno de los primeros partidos de la mañana, la gente cuchichea sobre los resultados de las otras pistas. Cuando finaliza la primera batalla que has podido ver en directo, sigues a la avalancha de personas que al igual que tú se dirigen sin perder ni un segundo a ocupar una butaca de otro estadio para continuar con un día especial. Los marcadores virtuales que inundan las instalaciones son un ir y venir de gente para comprobar que partido está en su punto álgido y no perder detalle. Los nervios aumentan cuando los trabajadores tienen las puertas cerradas porque el partido está en juego. Por fin se abre la barrera y la marabunta de gente entra rápido para ocupar su sitio. Cada aficionado tiene sus favoritos y se hacen notar entre cada punto con gritos de ánimo para sus jugadores predilectos. Una cosa está clara, los españoles están arropados en todo momento y llevados en volandas desde el principio hasta el final de cada partido, ya que en un deporte de tanta exigencia psicológica como es el tenis, en algunas ocasiones el factor del público se convierte en determinante para la actuación de un jugador.

Tras unos cuantos partidos traducidos en horas, la gente comienza a salir a las pistas de paseo para presenciar los encuentros que están en las canchas que tienen un papel secundario durante el torneo. Normalmente se suelen jugar dobles, con un aumento afluencia de público en este último año y en algunos partidos era difícil encontrar un sitio vacío. También las mejores raquetas del circuito femenino empezaban a llamar la atención, ya que normalmente la mayoría de sus puntos suelen ser de larga duración y levantan un gran interés del público. En estas pistas los jugadores entrenan y de vez en cuando se comienzan a escuchar gritos, eso quiere decir que alguno de esos ídolos se ha parado a firmar autógrafos para hacer feliz a sus seguidores.

Una de las pistas de paseo comenzó a llenarse. En ella jugaba una leyenda que se retirará al finalizar la temporada el alemán, Tommy Haas. Aquí se demostró que la gente de Madrid es una entendida del mundo de la raqueta y sobre todo agradecida, con ánimos constantes para el bávaro que veía como esos años de tenis maravillosos que regaló dieron sus frutos en unos fans que posiblemente sea la última vez que le vean jugando un partido profesional en Madrid. Haas perdió, pero la gente ovacionó y halagó a un jugador que siempre ha sido querido en la capital española.

De repente miras el reloj, han pasado desde que saliste de casa nueve o diez horas y sigues allí disfrutando de cada batalla. No has comido, quizás ni bebido y no es debido al servicio del torneo, ya que la organización ha superado con nota las expectativas otro año, si no que esos jugadores a los que admiro han sido capaces de mantenerme en un mundo paralelo, disfrutando de cada golpe imposible, de cada celebración, de cada queja. Hay que dar las gracias a este deporte por levantar unos sentimientos que poco deportes son capaces de crear en una persona. Para finalizar recomiendo a todas las personas que tengan la oportunidad de poder ver en directo un evento de esta magnitud que no se lo piensen, por un motivo sencillo, que el tenis enamora.

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