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Imanol López analiza su participación en el ITF Cercle Sabadellès 1856, donde reflexiona sobre su reciente trayectoria en el extranjero y la compleja situación vivida en el circuito internacional. El tenista subraya el contraste entre las facilidades de competir en España y el desafío logístico y económico que supone buscar puntos ATP en otros países.
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El desafío de competir fuera y la odisea de Dubái
Tras priorizar el calendario fuera de España para maximizar su ranking y adaptarse a superficies rápidas, López valora la experiencia de salir de su zona de confort. Sin embargo, su apuesta por la aventura internacional le llevó a enfrentar una de las situaciones más duras de su carrera debido a la inestabilidad y la cancelación de torneos en Oriente Medio.
La búsqueda de la competitividad fuera de España
“Siempre he buscado la comodidad de tener un buen sitio y comer bien en España, pero decidí dar un paso adelante y dejar de lado ese confort para jugar en condiciones que me favorecieran fuera. Competir en el extranjero me gusta, aunque a veces es complicado porque pierdes las facilidades de tu país que a veces pueden llegar a distraerte”.
Planes de futuro y calendario
“Mi intención es seguir compitiendo fuera completamente; tocar España es la última opción que tengo en mente por el tema del calendario y para sacar el máximo de puntos posible. Aunque a veces el ranking permitiría jugar mejor aquí, la idea es seguir probando cosas nuevas en el circuito internacional”.
El elevado coste del circuito
“El gasto este año está siendo muy elevado. Por ejemplo, la semana pasada en Holanda la noche de hotel costaba 200€; es una zona de mucho dinero y, aunque el torneo consiga rebajas, para deportistas como nosotros sigue siendo un precio muy alto”.
La traumática salida de Dubái
“Me fui a Dubái a la aventura, buscando seguir jugando en pista rápida, pero la situación del país obligó a cancelar el torneo tras dos días de fase previa”.
“Salir de allí fue durísimo: tuvimos que hacer un trayecto de 10 horas en autobús hasta Omán cruzando la frontera, sin apenas comida ni paradas. Luego volamos de Omán a Egipto, de allí a Milán y finalmente a Berlín, donde perdí mi conexión y tuve que esperar otras 13 horas; fue una experiencia emocional y físicamente agotadora“.
