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Adam Martín comparte sus impresiones tras disputar el Challenger de Pozoblanco (Córdoba). El joven tenista andaluz analiza el impacto de recibir una wild card para debutar en el circuito profesional, la gestión de los nervios en su estreno y la dureza de la transición desde la categoría júnior.
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La felicidad de Adam Martín Espinar tras recibir una invitación para disputar el Challenger de Pozoblanco
El salto al circuito Challenger representa una oportunidad de oro para el desarrollo de Adam Martín. Enfrentarse a jugadores de la élite mundial le permite calibrar su tenis y adquirir la madurez necesaria para afrontar la etapa más exigente de su prometedora carrera.
Agradecimiento, sorpresa y gestión de los nervios
“Recibir la wild card de Pozoblanco es una oportunidad buenísima. Me alegra mucho que hayan confiado en mí para poder disfrutar de este torneo, por lo que doy las gracias a la Real Federación Española de Tenis y a la organización de Pozoblanco. Mi entrenador me dio la noticia por sorpresa hace solo dos o tres días; me sentí muy feliz y afortunado porque me encanta jugar este tipo de partidos. Al principio me sentí un poco nervioso al ser mi primera vez en un torneo de este nivel, pero una vez entré a la pista se me fueron yendo los nervios poco a poco y pude jugar mucho mejor”.
El duro salto al circuito profesional y sus sueños
“La etapa júnior que estoy viviendo me parece la más difícil de todas porque te enfrentas a gente mayor que tú, que te hace los partidos muy complicados. Al intentar conseguir tus primeros puntos ATP el camino se te hace prácticamente eterno. A pesar de la dureza, mi sueño principal es poder jugar los Grand Slams y estar entre los 100 mejores del mundo. Sé que es un objetivo bastante complicado de conseguir, pero tengo claro que con trabajo diario y mucho esfuerzo lo puedo lograr”.
