Opinión

El ‘Bad Boy’ siempre será el ‘Bad Boy’

Nick Kyrgios antes de su partido ante Roger Federer en el US Open 2018 | Foto: US Open

La imagen del australiano volvió a ser víctima de otra polémica que protagonizó el joven tenista. Aunque esta vez poco tuvo que ver lo hecho por Kyrgios en el US Open en cuanto a sensaciones negativas, hay un pasado que lo persigue. Lo peor, que no parece difuminarse esa idea perjudicial que durante tanto tiempo cosechó. 

Haga lo que haga, parece que el nacido en Canberra está destinado al desagrado público del mundo del tenis. La incómoda situación en la que se vieron inmiscuidos Nick Kyrgios y Mohamed Lahyani no hizo otra cosa que alimentar la animadversión que existe sobre el australiano. Cualquier cosa que el juez de silla le haya dicho, el hecho quedó marcado como el precedente de la remontada del Bad Boy frente a Pierre Hugues-Herbert.

Lo relevante es que esta vez, Nick no hizo nada incorrecto. La acción cuestionable fue la de Lahyani, no la del australiano. Por lo tanto, parece bastante claro que lo que sigue aquejando a Kyrgios es una especie de condena que él mismo se provocó algunos años atrás. Cuando llegó a protagonizar intercambios incómodos con Wawrinka o cuando recibía multas debido a su comportamiento, esos son los momentos que siguen frescos en la memoria del mundo del tenis. No los de las victorias frente al Big Four o la creación de su fundación.

Nick Kyrgios en su partido de tercera ronda ante Roger Federer en el US Open 2018 | Foto: US Open

De todos los jugadores nacidos a partir de 1990, Kyrgios es, por mucho, el más talentoso del circuito. Dueño de un saque demoledor y de una derecha fulminante, el australiano siempre ha tenido las armas para optar por un puesto entre los 10 mejores del mundo, o para aparecer en las últimas rondas de los torneos más importantes. Sin embargo, su mentalidad no se lo ha permitido. Lo que el mundo del tenis olvida es que como el caso de Nick hay cientos en la historia de este deporte.

Nadie cuestiona tanto los resultados de Alexander Zverev como los de Kyrgios. Nadie se pregunta por qué el talento de Gael Monfils o de Grigor Dimitrov nunca terminó de cuajar, pero sí consideran que el del australiano es un desperdicio. En una actualidad dominada por los tres mejores jugadores de la historia, pareciera que la fortaleza mental es el pan de cada día, o que todos los tenistas han nacido con ella. Todo lo contrario, dicha cualidad está al alcance de muy pocos, y está claro que el de Camberra no es uno de ellos.

En términos generales, Kyrgios es otro de esos jugadores cuyos resultados no estuvieron a la altura de su talento. Desafortunadamente eso es normal. Su problema es, pues, su pasado. Aquello que ya no se puede cambiar parece ser que es lo que más lo perseguirá durante su carrera, a no ser que logre dar un giro de 180 grados. No importa cuántas veces logre derrotar a uno de los principales cabezas de serie, las críticas siempre lloverán cuando se sienta sorprendido en una de las primeras rondas de un torneo.

Y es que el australiano comenzó a darse a conocer justo cuando el deporte parecía pedir a gritos un cambio generacional, el cual ha tardado bastantes años en llegar, por cierto. De esta manera se le atribuyó de manera temprana la categoría de decepción. Kyrgios tiene apenas 25 años. Es verdad que las leyendas a su edad ya habían logrado hitos memorables, pero no hay que olvidar que él no es una de ellas. Sigue siendo un jugador y un chico normal, con una afición notable por el basquetbol y el mundo del internet; que al igual que muchos adolescentes se equivocó en el pasado, solamente que a él todavía no lo han perdonado.

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